Pepe Martínez-Conradi: “Cuando Madrid se entrega es la gloria”
Esta temporada, a un paso de los 40 años criando toros del encaste Santa Coloma, los Martínez-Conradi acaban de lidiar en Sevilla, se disponen a hacer doblete en San Isidro y, entre otras, pasta en Fuente La Higuera una corrida que se anunciará en Bilbao. A esto se le llama cambiar el rumbo de la Historia.
Por Álvaro Acevedo / Fotos: Maurice Berho
Porque, no hace demasiados años, se asumía como un hecho inevitable que el encaste Santa Coloma se había quedado fuera del gran circuito, del escaparate de las plazas grandes. Aparte de que su comportamiento inquietaba demasiado a los toreros de primer nivel, lo cierto es que su morfología ya no daba la talla en los reconocimientos veterinarios.
De todo ello era consciente Álvaro Martínez-Conradi cuando, quizá en el peor momento del encaste, compró a Joaquín Buendía una punta de vacas y sementales en el año 1987. El nuevo ganadero se fue haciendo un nombre lidiando novilladas; dio el salto luego a las corridas de toros, con etapas brillantes y otras muy difíciles; y superadas a fuerza de trabajo y pasión situaciones delicadas, vive ahora su mejor momento. Ya con la ganadería a pleno rendimiento, supervisa y da la última palabra en todo lo que se cuece en la ganadería, con sus hijos varones al frente de las operaciones. Pepe, con quien hablamos, aún no había nacido cuando empezó esta aventura.
“Es la primera vez en la historia -comienza diciendo- que una ganadería del encaste Santa Coloma por la línea Buendía va a San Isidro dos tardes. No ha sido algo buscado, sino que ha surgido así. Teníamos una base importante de toros cinqueños y la empresa, al venir a ver los toros, nos propuso lidiar dos corridas”.
¿Cómo se llega a tener una camada con tantos toros de plaza de primera en una ganadería de este encaste?
Mi padre, cuando formó la ganadería, se propuso aumentar la longitud de pitón porque predominaban los toros de poca cara, y cuarenta años después el cambio es significativo.
¿Cómo se consigue esto? ¿Sólo con selección?
Se consigue con mucho trabajo, y eso incluye selección, manejo, alimentación… Nuestro toro se cría durante tres años con pastos naturales. Cuando le das pienso a los animales desde pequeños se embastecen y el pitón crece menos, y al contrario, cuando el animal se va desarrollando y alimentando de forma natural, la cornamenta se desarrolla mucho más. Nuestros toros están “de campo” hasta cuando, ya de utreros para cuatreños, los traemos a los cercados próximos al cortijo pasado San Isidro. En ese momento es cuando empezamos a darles pienso, no antes.
¿Y durante esos tres años están en la dehesa, digamos que en estado semisalvaje?
Así es. Para ello tenemos varias fincas por las que los machos van rotando desde el destete hasta que llegan aquí, a “Fuente La Higuera”, ya como utreros. En ese tiempo viven del monte y de los pastos naturales, y apenas ven al hombre y al caballo.
¿Y cómo afecta eso al manejo a la hora de traerlos y empezar a tener más contacto con ellos?
Los primeros meses son complicados, están como si fueran venados. Hasta que se acostumbran a la mano del hombre, a que se les eche de comer a diario, al contacto con los caballos… transcurren como mínimo tres meses difíciles en los que andar con ellos es peligroso.
Me has hablado de la longitud de pitón. ¿Y el volumen?
También influye mucho la alimentación, pero en este caso una vez que empezamos a prepararlos desde finales de mayo del año siguiente a su lidia. Los piensos han evolucionado mucho y el toro se grana y además al moverlo se muscula, se desarrolla. Luego nosotros, para poder lidiar en este tipo de plazas, los aguantamos hasta cinqueños. En este encaste se nota bastante el cuajo del toro con un año más. En cualquier caso, mira qué toro (me lo enseña en el móvil y es verdad que tiene un trapío imponente) nos han echado para atrás en Madrid porque pesaba 490 kilos. Si llega a pesar 520 hubiera pasado sin problemas, cuando en realidad 30 kilos de diferencia en un toro no es nada.
¿Cuánto cuesta criar un toro un año más?
Mucho dinero, pero aquí lo que prevalece es el romanticismo, el sentimiento, la pasión que nos inculcó nuestro padre por una ganadería, por un encaste único que no queremos que se pierda. Ha habido ganaderos que han sido compradores de este encaste pero que luego se han aburrido y han acabado vendiendo. Es un tipo de toro que necesita mucha constancia, una voluntad muy firme para levantarte cada vez que te caes. Es una ganadería compleja en cuanto al manejo y también genéticamente, entre otras cosas porque apenas hay ya otras vacadas a dónde recurrir cuando necesitas refrescar la tuya.
¿Lucháis para no perder el paso con los nuevos tiempos?
Bueno, lo que pasa es que hace treinta años había un tipo de embestida que emocionaba, y a la que los toreros le sacaban partido. Por ejemplo, el toro que se venía de largo e incluso que embestía sin tanta humillación. Había toreros que, cuando hacía falta, toreaban de maravilla a media altura. Manzanares padre es un ejemplo clarísimo, pero también Espartaco por ejemplo.
Pero eso ya no sirve…
Las cosas han evolucionado mucho. Vamos a un toro de muchísima entrega y a un toreo en espacios más reducidos y con tremendo sometimiento. Todo eso antes no lo había, y ésta es una ganadería que tiene una serie de características en origen que no van por ahí. Se necesita mucho trabajo para llegar al nivel actual sin perder la esencia de Santa Coloma.
Luego está el toro que pierde el celo, que se aburre, que ya es más grave…
Perder el celo es una forma de mansedumbre. Otro tipo de encaste se raja o se para, y el nuestro se desentiende en el último tramo del muletazo. Cuando mi padre empezó con la ganadería era un defecto muy acusado, y ha sido implacable a la hora de eliminarlo. Hemos mejorado mucho pero nunca se puede cantar victoria.
¿Habéis tenido vosotros también la tentación de abandonar?
Nunca. Mi padre apostó por un camino y no se ha salido de él. Nosotros tampoco lo haremos. Recuerdo que pasamos un bache en el que no vendíamos casi nada porque la ganadería no estaba buena. Mi padre se sentó con nosotros y nos dijo que no había que amargarse, y que había que disfrutar de la ganadería lidiáramos o no. Quemamos bastantes machos hasta sacar sementales que nos ayudaron a enderezar el rumbo. Costó mucho dinero, pero él jamás se planteó esto como un negocio. A él no le gustan los barcos ni los viajes, sólo el toro y el campo. Su capricho es la ganadería. Con el COVID no matamos ni una vaca. Tenemos las mismas, entre 250 y 260, desde el año 1992.
¿Qué papel juega tu madre en este equipo que veo que hacéis?
Fundamental. Mi padre se pasaba la semana en el campo y mi madre, cuando llegaba el fin de semana, nos cogía a los cuatro hijos (dos niñas y dos niños) y nos traía para acá. Ni en Semana Santa nos quedábamos en Sevilla. Gracias a ella nos enamoramos del campo los cuatro hermanos. Tenemos unos padres muy generosos. Mi padre, cuando la ganadería estaba en pleno funcionamiento, se quitó de la primera línea y nos dejó a nosotros. Esto de ser ganadero tiene muchas veces su punto de vanidad, pero mi padre ha sido justo lo contrario. Disfruta de la ganadería en la intimidad y los focos y las felicitaciones son para nosotros.
¿Qué esperáis de vuestro doble compromiso en Madrid?
No nos gusta hacer vaticinios. Hemos escogido dos corridas muy parejas, equilibradas de sementales y de muy buenas hechuras, y sin embargo la incertidumbre es grande. Este toro tiene muchísimo estrés, y un mal embarque, una mala noche en los corrales, les afecta una barbaridad. Que hayan pasado las horas previas bien es fundamental. Luego en la plaza es un toro listo que puede aprender. Aunque se define bastante desde que sale, si le haces algo mal puede orientarse.
Pero cuando os la matan toreros que conocen bien la ganadería se nota muchísimo.
Desde luego. La ganadería tiene mucho más fondo que antes, pero hay que saber sacárselo. Cuando a un torero sin experiencia lo anuncian con toros de casa solemos hablar mucho con ellos en los tentaderos para intentar que capten las claves del toro de La Quinta. Es que es todo diferente al encaste Parladé: la mirada, el comportamiento, la colocación, los toques, las distancias… Es muy importante que el torero tenga confianza en ellos, pero para tenerla hay que conocer el encaste. Los errores no los suelen perdonar.
¿Qué toreros conocen mejor la ganadería?
Durante años El Juli, que además la mató en muchas plazas importantes. Ahora, Emilio de Justo, Daniel Luque, Perera… También Ginés Marín. La faena de Castellón será una de las más de más identidad del año cuando acabe la temporada.
¿Os veis muy solos en las grandes ferias?
Sí. Nos encantaría que poco a poco las ganaderías del encaste, Rehuelga, Ana Romero… vuelvan al gran circuito. Somos unos enamorados de Santa Coloma y queremos lo mejor para el encaste. Además, esa competencia sería buena para nosotros.
¿Con el doble compromiso en San Isidro hay más miedo que ilusión?
Hay una gran responsabilidad y desde luego una ilusión tremenda. Creo que somos una ganadería que encaja en esta plaza. Nos encanta Madrid y cuando Madrid se entrega, es la gloria.
¿Se pasa peor en Sevilla?
Son dos plazas de mucho compromiso, pero me atenaza más Madrid.
Pero este año veníais a Sevilla después de retirar la corrida de la feria pasada, un hecho del que yo no recuerdo precedentes. ¿Os arrepentisteis alguna vez de aquello?
Nunca. Entendíamos que no debíamos anunciarnos en esas condiciones y actuamos en consecuencia. Es verdad que esto implicaba una doble responsabilidad para este año, un interés especial por la corrida, y eso lo notábamos en la calle.
A mí me gustaron tres y hasta cuatro toros, pero entiendo que el público esperaba una corrida con más chispa. ¿Qué balance hacéis vosotros?
La corrida la escogimos con todo el cariño del mundo, de presentación era impecable, y aunque tuvo cosas muy buenas, con varios toros con nobleza y clase, le faltó en general un punto de emoción y de exigencia que es el que espera el público de nuestros toros. Y no sólo el público: también nosotros.
¿Pero cuál es vuestro cliente, el torero o el público?
El público, aunque históricamente las han matado todas las figuras del toreo aparte de los que he nombrado antes: Morante, Roca Rey, Talavante, Pablo Aguado, Manzanares hijo… Una vez estuvo aquí con su padre y el maestro le contaba que él había matado un montón de corridas del encaste. Aquella mañana bajó del palco, le pidió al mozo de espadas que le quitara el forro a una muleta para que estuviera más liviana, y le pegó a una becerra dos tandas de muletazos que se quedarán en nuestra retina para siempre.
¿Qué os queda después de Madrid?
Un toro en Vic Fezensac y corridas en Albacete, que es una plaza muy nuestra; Gijón, a la que le tenemos mucho cariño; Santander; y Bilbao, plaza en la que llevábamos varios años sin ir hasta que regresamos la pasada temporada, y en la que Borja Jiménez nos indultó a “Tapaboca”, que supuso un hito histórico. Ya lo tenemos echado a las vacas, y en un par de años empezaremos a tentarle las primeras hijas.